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Desde casi el mismo momento del lanzamiento de Windows Vista en febrero de 2007, las voces críticas respecto del producto ha sido constantes. Paradógicamente, muchas de las más oídas son de no clientes de Windows.
A pesar de las cifras espectaculares de penetración del producto, especialmente en el mercado de consumo, y con más de 100 millones de licencias vendidas. los comentarios oídos no son nuevos. En general, quejas sobre las necesidades de recursos de máquina, cambios en la interfaz que traumatizan al usuario medio, problemas de incompatibilidad de aplicaciones heredadas y la ausencia de controladores. En suma, un inmenso dejá vu que en otras ocasiones ha acabado por ser superado por el paso del tiempo y olvidado.

Pero las cosas han cambiado. El mercado no es el de hace siete años y ahora, a pesar de que las cifras de penetración de Windows en el desktop son de un 95% (cifra que sólo pueden bajar), muchos medios y analistas diagnostican que las cifras de venta son bajas, y que Microsoft no ha cumplido sus propias expectativas en el mercado empresarial.
Si se trataba del habitual recelo en las empresas, predispuestas a creer a partir del primer Service Pack, éste ya ha sido presentado.

Si se trata de las exigentes necesidades de máquina, aquél que tenga memoria que recuerde que eso mismo se decía de Windows XP respecto de Windows 98, por ejemplo. Si se trata de incompatibilidad de aplicaciones o de la falta de controladores, que hagan lo mismo que les he recomendado; echar mano de la memoria.

Lo penúltimo es comparar a Windows Vista con Windows Me. O es ignorancia supina o se le acerca excesivamente. Comparar un sistema operativo que ha sido desarrollado desde cero (sólo MS-DOS o Windows NT 3.5 comparten con Vista este honor) con un producto –que sí se podrían haber ahorrado–, que intentó en nuestra opinión ofrecer la máxima compatibilidad de aplicaciones tanto de 16 como de 32 bits sacrificando así la estabilidad del sistema no cabe en cabeza mínimamente documentada. Precisamente porque Vista ha sido desarrollado pensando en conceptos como seguridad y estabilidad.

Por si fuera poco, hay quienes han comenzado a hablar de Windows 7, el sucesor de Vista, como si su desarrollo no obedeciera a un roadmap desde hace tiempo anunciado, sino al fracaso de Vista. Todos sabemos que no volverán a pasar siete años entre la presentación de versiones. No lo desea ni la industria del hardware ni Microsoft, que quizás tiene que moverse para mantener el nivel de penetración, aún admitiendo que hay usuarios que consideran que Windows XP es lo suficientemente estable como para permanecer con él hasta el 2009. En más de una ocasión, Microsoft ha comentado que sabe que los ciclos de adopción de versiones por parte de las empresas tienden a saltarse una. Siendo así, los que aún mantienen Windows 98 –que los hay–, deberían adoptar Vista aunque sólo sea porque van a tener que renovar sus equipos. Y los que se sienten cómodos con XP, ¿se esperarán a 2009?

Silverlight sigue sin brillar
Más nos molesta y sorprende el insoportable y lento despegue de Silverlight. Parece que ni siquiera la compañía cree firmemente en él. Son escasas las aplicaciones prácticas del mismo incluso en las propias páginas web de la compañía. Si Microsoft no ha apostado por hacer un despliegue de su propia tecnología, parece difícil pensar que el resto de la industria se apunte. Si se tiene que convertir en el rival de flash, sabemos que tiene mucho trabajo por hacer.

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