Y lo lamento. Parece que Microsoft tiene previsto lanzar al mercado la futura versión de su sistema operativo cliente a mediados de 2009. Se dice además que en el
PDC (Professional Developers Conference) que tendrá lugar a finales de Octubre en Los Ángeles, se entregará una primera beta, lo que haría que desde la primera versión beta hasta el producto final tan sólo pasaran 9 meses. La mitad de lo que tardó el mismo proceso para Windows Vista. Eso sería significativo. Cuenta Paul Thurrott en su blog que alguien de Redmond le ha indicado que Windows 7 no sería más que un SP2 de Windows Vista. Y eso tendría sus ventajas, especialmente cuando se trata de controladores y configuración de dispositivos, de la misma forma que garantizaría la compatibilidad de las aplicaciones. También tendría otra ventaja. Los requerimientos de máquina no serían mayores que los de Vista y eso, dado que ha sido una de las grandes quejas de los medios sobre Vista, sería para Windows 7 una ventaja.
Es posible además para evitar el escándalo que ha significado en el pasado –y que ha llevado a Microsoft a los tribunales- incluir en su sistema operativo nuevas funcionalidades, éstas serían exclusivamente ofrecidas a través de la red, lo que permitiría entregar un sistema operativo más sencillo, más limpio, que cada usuario se encargaría de personalizar. Además, permitiría a la compañía la actualización de forma más flexible dichos productos de descarga online.
Quiero hacer constar que sorprende que incluir nuevas funcionalidades sea para Microsoft un gran problema cuando las incluye gratuitamente, mientras que nadie se sorprende que una distribución de Linux haga exactamente lo mismo, aunque de forma exponencial. El pecado es el mismo. Alguien diría que peor; le llamaría dumping.
De alguna forma, y eso consuela, se estaría cumpliendo el tan conocido como odioso ciclo de adopción de las tecnologías, que condena una versión al sacrificio para que la siguiente sea aceptada. Así sea.
¿Quién quiere Chrome?
Como sabrán, Google ha lanzado hace unos días un nuevo navegador web, de nombre Chrome, con el que muchos han visto o más bien creído ver un paso firma para acabar con la hegemonía de Microsoft, ya no en el ámbito de los navegadores, sino en una batalla global que tiene que llevar a la derrota del concepto desktop y a la victoria de un modelo masivo de aplicaciones online, en el que claro está, Google sería el líder. Siempre según algunos.
Siempre beta
Sin querer desdeñar el importante papel de Google, supuesto líder de nuevos escenarios, hay diversos aspectos a destacar. Primero, lo insultante del abuso de la palabra beta. Ofende que, al igual por cierto que ya hacía en tiempos Netscape, haya productos en eterna beta. Google es de ese tipo de empresas. ¿Es posible que alguna vez definan funcionalidades, cierren la admisión de las mismas, depuren y ofrezcan al mercado un producto con un número de versión inteligible? Recuerden que Gmail sigue en beta, a pesar de que hay una oferta empresarial de la misma.
Pero quizás hay algo más grave. Aparte de las funcionalidades de Chrome (como el potente motor javascript), se presupone que Chrome bastaría para poder hacer de todo, sin necesidad de sistemas operativos complejos. Entonces, ¿porqué lanzan primero una versión para Windows? ¿Porqué no han desarrollado un kernel ligero, que sea compatible con la mayoría de los equipos actuales (ya no sería tan ligero), y ofrecen al público un sistema operativo/navegador de verdad?
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